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martes, 11 de febrero de 2014

MUJER, SEXUALIDAD Y ENFERMEDAD, PARTE I

A todas y todos.

La entrada de hoy está destinada a ellas. Como siempre que abordamos la sexualidad, las relaciones sexuales y el sexo en definitiva, lo hacemos con el máximo respeto, pero también con la máxima claridad. Puede ocurrir por tanto que ninguna mujer se sienta identificada con la lectura que viene a continuación, pero también puede ocurrir que sí. Aún así lo realmente importante es entender cómo un proceso emocional negativo y disruptivo puede generar una alteración importante en la vida personal y de pareja. 

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El placer disfrazado de necesidad y de exigencia, por vergüenza.


Bajo el diagnóstico de una enfermedad crónica, progresiva y discapacitante como es el caso de la esclerosis múltiple, la interferencia que la enfermedad provoca, como ya hemos hablado multitud de ocasiones y tratado en diferentes entradas del blog; no es sólo física, sino que la interferencia emocional y psíquica puede ser intensamente discapacitante y por tanto generar alteraciones y trastornos en esferas o dimensiones de la persona, que no necesariamente tienen que estar afectadas por sufrir la enfermedad física, o al menos afectadas tan tempranamente.


Como quedó expuesto en la entrada La sexualidad, sus formas y sus mitos, existen formas de mediar entre la pareja para preservar las relaciones sexuales, sin embargo, ¿por qué se deterioran tanto y tan rápidamente?

Este es el tema que intentaré abordar hoy centrándome en el cambio que experimenta la mujer, de forma que basaremos nuestra atención en la lectura sobre el supuesto de que la persona afectada sea mujer. La siguiente entrada complementará a esta bajo el supuesto contrario y nos centraremos por tanto en el hombre como persona afectada.

Del placer propio a la necesidad del otro.

El transcurso del tiempo bajo la sombra alargada y pesada del diagnóstico de esclerosis múltiple, provoca que las relaciones sexuales e íntimas entre la mujer y su pareja pasen de ser unas relaciones provocadas, buscadas y motivadas a ser unas relaciones que cubren la necesidad del otro miembro de la pareja, y no la necesidad propia de la persona afectada.
Llegar a este punto no es sinónimo de deterioro sexual en la mujer, pero sí de una interferencia emocional importante.
No existe a priori nada que hasta el momento interfiera en la relación sexual de la mujer, ni sobre sí misma ni sobre su pareja, sin embargo, poco a poco, la sexualidad, la relación sexual íntima, cambia su criterio cualitativo. Esta variación, saber por qué cambian las preferencias sobre la forma de la sexualidad de la persona afectada es clave, para llegar a comprender el proceso y evolución que puede llevar a la mujer, hasta el abandono de las relaciones sexuales completas.
El primer factor a considerar con impacto sobre el deseo de experimentar relaciones sexuales, insisto sobre el deseo, es el uso de algunos fármacos antidepresivos para el control de los estados emocionales negativos de moderada o alta intensidad. Sin embargo, el mismo estado emocional, es decir la sintomatología depresiva moderada, severa o muy severa genera la misma o más interferencia incluso sin medicación, inhibiendo el deseo de experimentar y vivir relaciones sexuales.
Esto hace, que un criterio importante a considerar, independientemente de la causa que lo esté provocando, es el concepto de ausencia de deseo o deseo retardado, es decir una sensación generalmente traducida en forma del siguiente argumento  “actualmente no tengo las mismas ganas que antes”.
Estos cambios, en la respuesta sexual que la mujer experimenta influyen en cómo se expresa su cuerpo físicamente. De forma que la fase de excitación se hace más duradera en el tiempo, llegando incluso a provocar cansancio y abandono por parte de la mujer que ve que su cuerpo, igual que su mente no responde como lo hacía antes. Por tanto la fase de meseta retrasa su aparición y además se alarga significativamente en el tiempo, haciendo que el orgasmo y por tanto la resolución sea difícil o más difícil de lograr. Sin entrar a valorar, en esta entrada, qué cambios de naturaleza fisiológica se provocan, lo que sí está claro es que existe, y ahora sí, un impacto muy importante sobre la emocionalidad más interna de la mujer, que ve afectada su sexualidad y que atribuye a su proceso de enfermedad física y psíquica. Es como si al reconocer que la enfermedad también afecta esa parte de su vida, la mujer se preguntase, ¿entonces qué queda ya de mi?” Esta pregunta tiene una respuesta mental y emocional casi inmediata. La mujer afectada ha cambiado su prioridad en las relaciones sexuales y en su propia sexualidad como consecuencia de esa pregunta, y esto es clave en todos los sentidos emocionales de la afectación, física, psíquica y social, que pueda sufrir  la mujer.

¿Qué significa cambiar la prioridad sobre las relaciones sexuales y su propia sexualidad?

Las relaciones sexuales, íntimas y por tanto la forma de expresar su sexualidad como mujer, pasan de ser agradables y placenteras, a convertirse en algo desagradable, no desde el punto de vista físico, que también puede suceder, pero sí psicológico. 
Este cambio de criterio, de dimensión, de valoración, sitúa física y mentalmente a la mujer, a sus relaciones sexuales y a su sexualidad lejos del placer propio. Esto implica que tarde o temprano el primer cambio real será el de establecer las relaciones sexuales, no para la propia satisfacción, y sí para dar respuesta a la “necesidad” de que la otra persona de la pareja esté satisfecha. En el caso de carecer de pareja, la relación sexual desaparece poco a poco, aumentando el tiempo en el que propios episodios sexuales se provocan, y donde en la mayoría de las veces no existe conclusión sobre los mismos por una sensación emocional de ridículo y vergüenza que experimenta la mujer al verse en una situación, por ejemplo de autoestimulación o masturbación. Este tipo de vivencia sexual, que antes si podía ser valorada como placentera para la mujer, desaparece de su jerarquía de prioridades y por tanto de su repertorio de conducta sexual.
De forma que un cambio que empezó siendo cualitativo acabará afectando a la dimensión cuantitativa.
La mujer experimenta un alto sentimiento de culpa y de infravaloración por el impacto emocional y negativo que elabora sobre su propia representatividad. En este momento, sería preciso introducir aspectos claves que minan la autoestima de la mujer vista por sí misma como mujer, es decir la aceptación de su propio cuerpo. De forma que sin entrar a valorar el estado de preservación física de la mujer, este sentimiento de culpa e infravaloración comienza a alejar en el tiempo las relaciones sexuales que tenía la mujer con su pareja. Este alejamiento impacta también en la frecuencia las relaciones y por tanto en la satisfacción emocional que se obtenga de ellas, independientemente de la presencia o no del orgasmo y del placer físico.
Esta alteración temporal de las relaciones sexuales pone en marcha un mecanismo mental, social y cultural que arrastra un componente arcaico, pero que está presente en el esquema social de las personas aún. Me refiero en concreto a la idea de tener que satisfacer, en este caso, como mujer al otro miembro de la pareja. Esta idea “obliga” mentalmente a la mujer afectada a tener cada cierto tiempo relaciones sexuales, basando su prioridad en la otra persona y la  necesidad de tener cubierta su satisfacción sexual, es algo así como "he de mantener cada cierto tiempo alguna relación, más por él que por mi, si fuese por mi...". Este apartado mental y emocional de cómo se pasan a mantener las relaciones sexuales, mina a la mujer, al entender que su rol en las relaciones sexuales actuales no se basa en su propia satisfacción y sí en estar para satisfacer, de forma que se ha pasado de un rol plenamente activo en la satisfacción sexual, a un rol secundario y pasivo basado en la necesidad y satisfacción del otro.

Este cambio radical en cómo vivía la mujer y por tanto la pareja sus relaciones sexuales es clave, pues a veces, incluso supone el origen de otro tipo de problemas que surgirán, si no se retoma el camino del placer y se abandona el de la necesidad.

Sin embargo, cuesta mucho por parte de la mujer entender y comprender que sus relaciones sexuales puedan ser recuperadas para vivenciar a través del sexo y de su sexualidad lo que hasta ahora venía haciendo, gozar del placer físico y emocional de las mimas. Cuando se aborda presencialmente la interferencia de las relaciones sexuales en la pareja, la mayoría de las personas entienden que la enfermedad física es la responsable de los cambios en la sexualidad, argumentando, por ejemplo que la fatiga limita, no sólo el tiempo sino también la forma postural, o que por ejemplo la apatía depresiva les hace plantearse que hoy no, pero mañana sí. Esta espiral de argumentos justificativos sobre cómo ha cambiado su sexualidad y la forma de experimentar el sexo, sola o en pareja, hace que la mujer crea que en este momento de su vida, otras cosas son más importantes que las relaciones sexuales, descartando estas casi a un abandono total de las mimas, haciendo que la mujer empiece a valorar y ver de forma normalizada en su vida, la ausencia de relaciones, es decir que se adapta y acomoda a no gozar del sexo ni del placer de la sexualidad y sus relaciones íntimas.
Acostumbrarse por tanto a no tener sexo es la forma que se usa para justificar la necesidad de priorizar sobre el sexo otros aspectos personales y sociales de su vida, que centrarán su atención, enmascarando su conducta sexual. Sin embargo, no podemos olvidar, que la mayor parte de las personas afectadas por esclerosis múltiple, son mujeres, jóvenes-adultas, por tanto no podemos dejar de preguntarnos ¿por qué es necesario por parte de la mujer erradicar el sexo para estar bien consigo misma tras las primeras manifestaciones de interferencia?






Por tanto y por resumir el contenido de la entrada que he realizado hoy, y dando respuesta a las inquietudes formuladas por las personas a través de la encuesta, es necesario tener claro para evitar el deterioro de las relaciones íntimas y sexuales y por tanto el abandono de la sexualidad, los siguientes aspectos.




1)   La sexualidad, las relaciones sexuales y goce a través del sexo es un comportamiento más que has de preservar para mantener en la medida de lo posible tu estado de bienestar físico y emocional
2)      Mantener una relación sexual, ejercer un acto sexual, bien contigo misma, bien con la pareja precisa de ti y de tu presencia en dicho acto, por tanto, es importante que comprendas que tu participación  ha de ser activa y no pasiva.
3)  La enfermedad física que sufres, puede interferir bien físicamente o bien emocionalmente, lo que implicará variar la conducta sexual, pero no necesariamente abandonarla. 
4)      Mantener una relación sexual, o gozar de sexo a través de la propia estimulación y por tanto de la masturbación, tiene como finalidad la obtención del propio placer y no la necesidad de satisfacer "obligatoriamente" a la otra persona.
5)      Mantener una relación sexual sana implica hablar entre la pareja de los momentos placenteros y no tan placenteros. Comparte abiertamente y sin vergüenza tus temores, tus incertidumbres y tus sensaciones, si los tienes, por tus nuevas formas de respuesta, es decir, es necesario que tu pareja sepa cómo responde tu cuerpo, por ejemplo en el caso de estar tomando medicación.
6)      Adapta tu forma de mantener las relaciones sexuales, por ejemplo, la postura que vas usar a las necesidades motrices de tu estado físico, si lo precisas.
7)      Normaliza las relaciones sexuales en tu vida personal, y de pareja.
8)      Comparte tus inquietudes y problemas con tu pareja, nadie nace sabiendo.
9)      Disfruta responsablemente del sexo y de tu sexualidad.
10)  Dedícale tiempo a conocer tu cuerpo, sus respuestas ante la estimulación y sus reacciones. Si tu cuerpo cambia su respuesta sexual, tú has de ser la primera en saber qué cambios se producen y como adaptarte a ellos.


    La siguiente entrada aboradará la segunda parte que centrará la atención en cómo superar los miedos ante los nuevos cambios que el cuerpo de la mujer va provocando, para poder seguir disfrutando placenteramente de las relaciones sexuales, del sexo y de la sexualidad.


    Como siempre te animo a que dejes tu comentario en el blog y a compartir la entrada si lo deseas.


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    Alberto José Ruiz Maresca.
    Psicólogo AO 04033.
    AGDEM
    Granada, España.
    11 de Febrero de 2014

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