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viernes, 17 de marzo de 2017

CUANDO EL MIEDO CAMBIA DE ASPECTO PARA QUE SIGAMOS TEMIÉNDOLE

Empieza a ser habitual encontrarme en la consulta de atención psicológica de la Asociación Granadina de Esclerosis Múltiple  o en el correo en formas de mensajes y dudas, preguntas que ancladas en la incertidumbre del futuro, necesitan por parte de la persona que las formula, una respuesta.

Y en esa incertidumbre, el miedo futuro al estado de la persona, sigue siendo el "Gran Miedo". Sin embargo yo he obervado un cambio, una forma de mutación en ese miedo, que me hizo reflexionar anoche, cuando más cansado estaba, y escribir sobre esto. Es muy posible que aquello que os voy a contar, no os suceda, pero también es posible que sí.


La Mutación de Nuestros Miedos

imagen extraída de https://www.marketingdirecto.com 

Ya hemos definido en varías entradas que el Miedo es en sí una emoción que todos sentimos respecto a algo. Por tanto, que la persona, afectada o no, sienta miedo, es algo normal y lógico.

En las personas afectadas por esclerosis múltiple el miedo, de una forma u otra se sintió desde el momento del diangóstico de la enfermedad, tal vez sólo por desconocer qué era ese término y qué implicaba. Aún más desde el momento en que la persona pasa prueba tras prueba bajo la idea de descartar algo, mientras que lo que realmente se intentaba era buscar algo concreto y diferencial.

De forma que el Miedo, como emoción ha estado presente en todas las fases del proceso de enfermedad, de una forma u otra, con una intensidad u otra, con unos mecanismos de afrontamiento u otros. El Miedo siempre ha estado ahí, como situado en un horizonte, en algo que sabemos que existe, que nuestra vista no alcanza a ver, pero que está ahí, al final de todo.

El primer gran miedo después del diagnóstico es conocer qué es lo que se diagnostica y su primera forma de sentirlo es la que se extrae de la búsqueda autodidacta para saber qué es esclerosis múltiple. Pero también puede ser los calificativos que acompañan al nombre de la enfermedad, crónica y progresiva. Incurable por el momento. El Miedo estaba ahí, presente.

Incluso en el conocimiento que tengas por conocer a alguien esta situación y tu imagen sobre cómo se encuentra y la pregunta de si ¿estaré yo así algún día? De forma que cuando el miedo invade el Ser de la persona afectada, la mente empieza a reaccionar, a veces con procesos de negación que ya describí en su día y que no voy a repetir, y que no olvidemos puede afectar también al ámbito familiar.

De forma que cuando la mente se encuentra carente de recursos para afrontar toda esta nueva realidad, se deprime y se vuelve ansiosa por no poder controlar aquello que hasta ahora tenía perfectamente controlado, su vida. Yo me esfuerzo como profesional en comunicarle a las personas para las que trabajo, que es totalmente normal pasar por esto después de un diagnóstico de tal magnitud, pero que tendrá que trabajar para salir de un estado que sí es controlable. Inmediatamente el miedo cambia y se torna en angustia tras la primera prescripción médica de un tratamiento, de sus efectos secundarios y de la aparición persistente de los primeros síntomas y tal vez del brote en el tipo de emrr. Muchas cosas para que la mente pueda ser fuerte ante tanta incertidumbre, preocupación y preguntas sin responder. Muchas.

Así, el pensamiento proyectado de la persona genera su gran miedo en algo, que desconoce si ocurrirá pero que no puede dejar de pensar, sentarse en una silla de ruedas. Ese pensamiento preocupante y persistente, también genera la primera reacción ante la adversidad de la persona en su proceso de enfermedad, y se comienzan a generar las primeras conductas de autocuidado. La mente despierta de su letargo. Es como si la persona pensase "tengo que hacer todo lo que sea para que esto no llegue"

Sin embargo, los tratamientos farmacológicos, han evolucionado, y con ello se está apreciendo una disminución leve del proceso de discapacidad que la enfermedad está generando. Eso no quita, que los inyectables sigan siendo molestos, endureciendo el cuerpo y generando esas callosidades que hacen que cada vez haya menos lugares en el cuerpo para pincharse. O qué la tolerancia al tratamiento se rompa y haya que variarlo justo cuando los brotes desaparecieron, o qué el virus JC de positivo. O qué el fármaco oral, más cómodo lleve poco tiempo. Pese a estas incertidumbres, desde la cognición de la persona afectada, observo que su Gran Miedo ha cambiado, ha mutado como si de un virus gripal se tratase.

De forma que se ha pasado de temer a quedarse en una silla de ruedas por la discapacidad a temer que el final de la vida de la persona afectada será postrada en una cama, sin apenas autonomía y en soledad. Y esta mutación del miedo basado en la incertidumbre, no lo he escuchado una vez, no, es ya rutinario. La pregunta es ¿por qué cambia el Gran Miedo?

La incertidumbre sobre un futuro incierto y desconocido, hace que aquello que en un principio supuso miedo (la silla de ruedas) se racionalice emocionalmente desde la experiencia vital. Esto significa que la persona analiza desde que fue diagnosticada hasta hoy día, y que su progresión en la enfermedad no ha supuesto claves de miedo como para temer sentarse en una silla de ruedas. ¿Entonces por qué seguir temiendo?

Porque inevitablemente se precisa tenerlo todo bajo cierto control que nos permita tener una capacidad de reacción. Temer a quedarse postrado significa muchas cosas. Una es clave. Si este miedo se confirmase, estaría sola definitivamente. De forma que esa pérdida funcional que la persona proyecta en su pensamiento más temeroso, dramático y futurista, no es más que el miedo más atroz que tenemos todas las personas, La Soledad.



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Autor del Blog y de la entrada.
Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 Nº Col AO 04033.
AGDEM
Granada, España.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Síntomas Psicológicos y Emocionales en la Esclerosis Múltiple. La Preocupación Persistente.

"Estar preocupado con esta enfermedad es algo irremediable. La incertidumbre que nos genera, no nos deja ser totalmente felices. Es cómo si desde que nos diagnostica, la preocupación tenga que acompañarnos siempre, como nos acompaña la fatiga que nadie ve. No se trata de que nos enseñen a pensar en positivo, se trata de que no podemos dejar de pensar en los que nos preocupa. A lo mejor, antes lo hacía  y podía dejar de pensar en lo que me preocupaba, pero no era consciente de ello. Algo tengo que hacer".

La Preocupación ha formado parte durante mucho tiempo y de forma necesaria de los trastornos de ansiedad. Tanto es así, que se habla de ansiedad cognitiva para hacer referencia al pensamiento persistente sobre el que no podemos ejercer un control y que de forma persistente nos incomoda, física, psíquica y emocionalmente.

Sin embargo, la Preocupación ha ido generando una entidad propia, provocando diferentes reacciones emocionales que ha llevado a hablar a algunos autores del concepto de preocupación patológica, que más adelante, definiré.

Es cierto, o puede parecerlo, que estar preocupado por cualquier cosa, puede parecer algo propio, inherente de la propia Vida. Vivir sin preocupaciones, del tipo que sean, no sólo parece utópico, sino que sobrepasa la imagen de la persona. Es algo así como que sería imposible vivir sin preocupaciones, del tipo que sean, pero preocupaciones.
Esta es la primera cuestión a tratar. Lo que puede ser preocupante para unos, para otros pueden ser meras nimiedades "¿por cosas así te preocupas? tu no sabes lo que es estar preocupado..."  Esta distinción puede parecer una obviedad, pero es el primer eslabón a superar en el mundo de las preocupaciones, pues dotar a una preocupación de algo más que su propio carácter de incertidumbre, hace que una preocupación sea o pueda ser patológica.

¿Qué es en sí un preocupación?

Supongo, que lo que os voy a contar sobre las preocupaciones, no os ayude mucho. Pero ya sabéis que me gusta descomponer las cosas complejas en simples, o al menos intentar hacer lo difícil aparentemente fácil. Eso nos da poder de reacción, de aprendizaje, de afrontamiento en definitiva.

Para responder a qué es una preocupación, lo primero que tenemos que plantearnos sería si creemos que una preocupación es un pensamiento o por el contrario si creemos que es una emoción. No son lo mismo, y por tanto no se abordan de la misma manera. Una dicotomía ¿Pensamiento o Emoción?

Establezcamos que una preocupación es un pensamiento. Como pensamiento es evocado por nosotros mismos, en ocasiones, o es evocado de forma automática, es decir la preocupación surge en nuestra mente sin que queramos pensar en ella. Desde este punto de vista, podemos establecer que la preocupación es negativa. Sin embargo podemos definir la preocupación como el elemento necesario para resolver una situación que nos genera conflicto, problemas o malestar. Sería por tanto, un pensamiento necesario para que podamos hacer frente a algo. Ese algo, es la incertidumbre que se deriva del pensamiento preocupante. La preocupación sería por tanto el pensamiento necesario y elemento que ponga en marcha nuestro mecanismo de resolución de problemas, es la incógnita a despejar y averiguar en una ecuación. 
Bajo este esquema, no necesariamente la preocupación es sinónimo de algo negativo, sino de algo que hay que resolver. Es el primer eslabón para poner en marcha un mecanismo de afrontamiento hacia alguien o algo. La preocupación bien canalizada puede ayudarte a ser parte de la solución, y por ende de la búsqueda activa de la  misma. 

Como emoción, por su parte, la preocupación sería un estado de intranquilidad, angustia, de ruptura de nuestro estado de confort en definitiva. Dicho estado está provocado por algo que conceptualizamos como amenazante para nosotros. Y siempre asociamos a la preocupación a algo displacentero bajo el estado de amenaza. No puede ser de otra forma; por tanto la preocupación como emoción amenazante es siempre negativa, lo que implica que sean nuestras emociones negativas, las asociadas a la preocupación, las que gestionen dicho estado. Y hemos visto ya en otras entradas, que muchas veces, por no decir casi siempre, no gestionamos bien, ni la tristeza, ni la ira, ni el miedo, nuestras emociones básicas, que no simples.

De forma que como emoción la preocupación generaría un plus, por llamarlo así, de incertidumbre, el que se deriva de no saber si seremos capaces, (pensamiento anticipado) de resolver la situación preocupante. A esto sumamos, que para conocer si podemos resolver una amenaza, nos basamos en situaciones que ya hemos padecido y que puedan ser similares, lo que nos ayuda a generar más control o incertidumbre, según se hubiesen resuelto o no, en el pasado.

Bajo una u otra dimensión de la preocupación, ya sea pensamiento o emoción, tiene inherente a ella, la incertidumbre, la falta de control sobre ella y la gestión que hagamos de la misma. 

Por lo tanto, cuando algo nos preocupa, nos preocupamos más aún si sabemos que no podremos hacer frente por algún motivo o razón, sea propio o externo. Es así como una preocupación se convierte en una preocupación persistente. Nuestra mente es capaz de generar nuevas claves de incertidumbre sobre la incertidumbre basal que tengamos. Generar preocupaciones de una preocupación inicial es generar una espiral de incertidumbres.

En la enfermedad, en la Esclerosis Múltiple, el curso y pronóstico de la enfermedad, desconocido es la clave de la incertidumbre, por tanto, la generadora de emociones negativas y de pensamientos generadores de conflictos por resolver, de problemas. No saber qué ocurrirá hoy mismo, ni mañana, ni poder llegar a tener certeza de si estaremos de una manera u otra, hace que la persona afectada genere asociado y esta vez sí, de forma irremediable la preocupación basada en la incertidumbre.

Por tanto la preocupación como algo positivo construye en la persona mecanismos de afrontamiento para resolver problemas. La preocupación conceptualizada como negativa ayuda a potenciar la incertidumbre, a cronificar el pensamiento persistente, a generar estados emocionales de ansiedad por la falta de control sobre lo que se proyecta mentalmente, y genera creencias erróneas que sirven para construir el andamiaje de la indefensión basada en la ausencia de control y en la proyección mental de la incertidumbre, construída sobre síntomas o sobre el mismo espacio temporal.

La Preocupación Persistente.

La importancia del término preocupación persistente (llamada en algunos círculos preocupación patológica) radica en que una vez que la persona asume ese término, estar preocupado es algo que se vive de forma normalizada, lo que implicaría que siempre se espera que la situación de amenaza aparezca, o dicho de otro modo, que el estado de tranquilidad que uno pueda tener tenga que desaparecer.

Es por tanto, como si uno no terminase de creer que puede estar bien, dentro de sus propias circunstancias, y por tanto esperase que detrás de momentos de gran estabilidad física y mental, tengamos que recaer. Es esperar mentalmente y de forma anticipada el empeoramiento. La persona no lo desea, pero no puede dejar de pensar que pueda ocurrir.

Esta forma de preocupación cronificada, nos hace desgranar la preocupación en preocupaciones más pequeñas y a su vez proyectar mentalmente en el futuro, que por sí es ya impredecible, cómo se visualizan dichas preocupaciones, con sus incertidumbres correspondientes y con sus estados físicos y emocionales determinados. La persona es capaz de verse a si misma dentro de unos años, capaz de imaginarse de forma tan real, que el miedo aparece de forma inmediata. Sin embargo, nos cuesta mucho proyectarnos en el futuro de forma positiva. Así a la persona le cuesta imaginarse que en un futuro, lejano o no, pueda estar, al menos como está ahora, y le cuesta horrores imaginarse bien o mejor de lo que está. Para lo negativo, no buscamos un anclaje con la realidad, para lo positivo sí. "no ves como estoy ahora, ¿cómo piensas que puedo estar mejor dentro de un tiempo? Sería un milagro" 

La proyección mental juega un papel esencial en la preocupación, dotando a esta de un poder que le es otorgado desde el esquema de las creencias de la persona. Estas a su vez determinan las actitudes de la persona ante la aparición de la preocupación y por tanto condicionan el comportamiento y las aptitudes que se desplieguen para hacer frente o no al componente mental o emocional preocupante. Así, siempre que la persona se preocupa proyectando mentalmente la preocupación más allá del hoy inmediato, la persona se dice a sí misma "a mi me gustaría estar como estoy, pero sé que estaré..." Proyección basada en una realidad tangible y distorsionada sobre una creencia errónea conocida como adivinación del porvenir. Sin embargo cuando la proyección es positiva se dice a sí mismo "me encantaría estar bien, pero sé que es imposible que lo esté"  Proyección mental basada en el aquí y ahora y construida sobre una distorsión cognitiva conocida como abstracción selectiva o filtraje.


Preocuparse por estar preocupado. La espiral sin solución.

De forma que cuando una preocupación actual se imagina como preocupación futura, podemos hablar de preocupación persistente como síntoma en sí de otros procesos y como trastorno propio.

El componente mental sobre el que proyectamos es esencial, como dije antes, pues si te centras en la preocupación actual, la capacidad de acción sobre la misma es mayor que si es proyectada en el tiempo, donde carecemos totalmente de control y nos llenamos hasta rebosar de incertidumbres. Bajo este esquema mental la persona comienza a estar continuamente preocupado y lo que es peor, se preocupa física y emocionalmente por dichas preocupaciones hasta el punto que la persona comienza a identificar patrones de personalidad en el acto en sí de estar siempre preocupado "yo siempre fui inquieto, siempre me gusto saber el por qué de las cosas...de siempre he sido nervioso y ahora más..."

Asumir la preocupación como rasgo propio de personalidad por no poder hacer frente al pensamiento basal preocupante, es en sí además de un erro,r un problema. Cuando esto ocurre, el componente distorsionador de la preocupación ya ha hecho daño y ha actuado por tanto a nivel cognoscitivo y a nivel emocional. Bien como pensamiento, bien como emoción, la preocupación es ya dañina.

El problema es que esa dimensión dañina de la preocupación, repercute directamente sobre las personas cercanas a la persona afectadas, que son lo primeros en percibir los cambios de comportamiento, mientras que la persona afectada intentará justificar esas interferencias bajo un rasgo de normalidad "como quieres que esté... a caso tú no estarías así...es lógico que me preocupe por esto, o es que a ti te da igual lo que me pase" La preocupación ya no es un esquema sobre el que construir posibles mecanismos de afrontamiento para dar soluciones, pero tampoco es un estado persistente de intranquilidad, angustia o ansiedad. La preocupación ha sido interiorizada y es ahora cuando es un problema real. La persona no sabe no estar preocupada, y siempre, pese a estar bien ahora en este momento, espera lo peor.

Pero esperar lo peor tiene además su componente mental. La persona, a veces conscientemente, a veces inconscientemente buscará claves en su vida real para justificar a los demás que requiere estar preocupado "lo ves, yo tenía razón, todos decían que estaba bien y mira... yo sabía que aparecería otra vez" La pregunta a resolver sería ¿hasta que punto esperar preocupadamente una preocupación no anticipa el malestar esperado, el brote, la recaída? Sería una buena tesis de estudio. Pero mientras buscamos respuesta a esta pregunta, lo importante es ¿podrá la persona que se preocupa persistentemente ser feliz?

Cuando aprendemos a dudar continuamente de todo hasta comprobar que nuestra duda, por mucho tiempo que haya pasado, se confirmó, realmente hemos perdido mucho tiempo. Tiempo irrecuperable.

Pero esto será otra entrada. Focalizar toda la energía en el pensamiento actual y preocupante y no construir andamiajes futuros de preocupaciones que no sabemos ni cómo, ni cuando llegarán.



Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 AO 04033.
AGDEM

Granada, España

lunes, 30 de enero de 2017

La Soledad.

La Soledad puede llegar a ser la cara más amarga que la persona diagnosticada por esclerosis múltiple puede llegar a descubrir. La Soledad, es también una consecuencia sobre la que no se encuentra razón o argumento posible por parte de la persona afectada, para sufrirla o padecerla. 

La Soledad de la que os hablo, es la que se experimenta por la pérdida progresiva de las personas que formaban parte de ti. Es una soledad cruel, discriminatoria que se puede sentir desde el vacío interno más estricto y profundo de la persona, pues quienes la experimentan, se acaban preguntado ¿por qué quienes se fueron no se quedaron con la persona y sí se marcharon por culpa de una enfermedad? A lo que acaban respondiéndose "Yo nunca hubiera hecho eso, yo me hubiera quedado". Es entonces cuando todo el entorno vital de la persona es inundado por el sentimiento de soledad.

Hoy mi entrada surge a petición de un correo privado. Y tal vez esperabas otra cosa.

¿Por qué me quedé sola?

No tengo una respuesta para poder argumentar por qué te quedaste sola.

No puedo saber ¿por qué se fueron todos los que antes estaban?

No, no tengo respuesta emocional para que comprendas por qué desde que fuiste diagnosticada, nadie cuenta contigo, y tú crees que no puedes contar con nadie.

De forma que no hay una respuesta posible para comprender, por qué tu diagnóstico de esclerosis múltiple, alejó de ti a todos los que estaban cerca, a todos lo que se reían contigo cuando todo estaba bien, a todos los que te veían cada sábado, cada fiesta, cada café, cada día.

Tal ve solo pueda decirte una cosa, una cosa que no te servirá como respuesta, y que probablemente me digas que no te sirve, pero no puedo dejar de decírtela, pues creo de verdad que el motivo real, pasa por ahí.

Se fueron, porque tarde o temprano, acabarían yéndose de tu vida. Es una realidad fría de asumir, dura y difícil, pero necesaria. Y Sí, estoy totalmente convencido y por eso te lo escribo, que habría pasado con diagnóstico o sin él. Con esclerosis múltiple o sin ella. Quien se marchó de tu vida, acabaría yéndose, tarde o temprano.

Tal vez la enfermedad sólo precipitó ese proceso. Tal vez la enfermedad sólo hizo correr más el descubrimiento al que te has enfrentado en tu vida. Para reír todos ríen, pero para llorar, nadie te ofrece un hombro.

El sentimiento de dolor que estás vivenciando, se debe a que tú sabes muy bien que si lo que a ti te ha pasado le hubiese pasado a uno de ellos, tú si estarías ahí ofreciendo el hombro. Pero no se trata de eso. No, aunque imaginar esa situación, nos de argumentos emocionales para explicar por qué ha pasado.

No es cuestión de cómo eres tú. No. 
No porque no todo el mundo tiene la valentía que tú has mostrado. No todos los que antes fueron amigos, saben mantener una amistad, saben ser amigos de la misma persona, afectada ahora por una enfermedad. No todos pueden seguir viendo a la persona antes que a la enfermedad. No todos saben girar las prioridades de la vida con el mismo giro que cambiaron las tuyas. No, la amistad no hace amigos infinitos, solo hace amigos. Y sí, queremos que sean para siempre, y tal vez lo sean, a lo mejor, incluso vuelve alguno de ellos, alguna de ellas.

Pero mientras todo eso llega, necesito de ti una cosa. No quiero que atribuyas a tu forma de ser esta pérdida, pues entonces la razón por la que marcharon serás tú. Y si piensas así, acabarás pensando que tú nunca fuiste así, es más eres así desde que fuiste diagnosticada. Por tanto, será la enfermedad la responsable de tu perdida si piensas así. Y no, no lo es. Estoy convencido de ello.

La esclerosis múltiple, no te conoce, no sabe cuántos amigos tenías ni cuántos has perdido, no sabe si eran buenos o conocidos, si los querías o no. No sabe nada de ti. Tan sólo está.

Y tampoco quiero que pienses que era cuestión de tiempo. No, no es verdad. La soledad que estás viviendo obedece tan sólo a que crees que los que se marcharon, son la causa real por la que crees que no podrás volver a tener gente cerca de ti, porque tu pensamiento te dice ¿"y si se fueron los de siempre, cómo voy a hacer otros nuevos?" Tal vez, porque los de antes, no serían para siempre y por tanto los nuevos, puedan ser lo de siempre.

Podría hablarte de más cosas, de cómo emocionalmente buscamos amortiguar la soledad, para evitar sentirla. De cómo la disfrazamos y qué consecuencias emocionales y psicológicas tiene. Pero te conozco y sé que llego a ti, más y mejor así.

Es muy posible que no sea esto lo que esperabas, pero hoy me sentí a escribir, y salió así.

Una cosa más. "Nadie excepto tú misma, te comprenderá como quieres ser comprendida" ¿Recuerdas?

A mi, me tienes.


Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 AO 04033.
AGDEM
Granada, España.

lunes, 9 de enero de 2017

Sintomas Psicológicos y Emocionales en la Esclerosis Múltiple: MEJOR SIN MI

Mejor sin mi, es una frase con la que acuñaré en esta entrada uno de los síntomas más enumerados en sesiones de psicoterapia, en determinadas fases psíquicas y emocionales del proceso de enfermedad por las que atraviesan las personas afectadas por esclerosis múltiple.

Mejor sin mi es el pensamiento más tremendista y catastrofista que la persona afectada elabora, tiene y piensa bajo la influencia depresiva; y por tanto, bajo la ausencia de su propio Yo. Mejor sin mi, es pensamiento elaborado en forma de ideación suicida, y por tanto representa el pensamiento trascendental que la persona elabora al creer que todos los demás estarán mejor si la persona afectada dejase de estar.
Es una ideación, por lo tanto es un pensamiento proyectado donde la culpa de la in-felicidad de los demás está causada por la propia in-felicidad de uno mismo. Es un sentimiento de culpa de tan alta intensidad, que su recurrencia es ya en sí un factor de riesgo a tener en cuenta.

Mejor sin mi, es un pensamiento automático, una distorsión cognitiva, y error de pensamiento que tiene como base un estado emocional deteriorado, una frecuencia de dicho pensamiento muy alta y capacidad ejecutora planificada.


Que no se hable de una cosa, no quiere decir que no exista.

Siempre hemos oído la frase, "llegué a tocar fondo" o "me hundí" o tal vez, "entré en un túnel sin salida". Cada una de estas frases representa la forma en la que mente pierde toda su estructura psíquica. La Mente igual que el cuerpo físico puede fallar. Y cuando lo hace, lo hace en forma de pensamientos muy recurrentes identificados con una naturaleza tremendista, catastrofista y con un fortísimo anclaje trascendental.
Una estructura de pensamiento es la forma en la que la mente elabora sus argumentos y conclusiones, sus propios pensamientos, según interpreta la realidad. En ocasiones, y bajo la influencia negativa de estados emocionales disruptivos, bajo estados anímicos alterados, bajo la presencia de trastornos depresivos, la mente forma estructuras de pensamiento extremadamente negativas a la hora de interpretar la realidad. Y cuando digo la mente, me refiero también a la persona. Dentro de las formas de pensar distorsionadas asociada a estos procesos, el catastrofismo es una distorsión cognitiva de las más negativas. Consiste en hacer de cualquier pensamiento elaborado algo catastrófico, por ridículo o pequeño que sea el pensamiento. Algo catrastrófico es algo que no tiene solución si ocurre, de forma que la mente experiencia el extremo más radical sobre ese pensamiento. 

Un ejemplo. "no podrás andar ni 100 metros" Ante ese pensamiento, que se elabora por la mente por de forma muy recurrente, el carácter catastrofista del mismo sería "si no podré andar 100 metros, ¿entonces me quedaré sentado en una silla de ruedas para siempre?" Y la mente que precisa certeza, se responde a sí misma sin contrastar con la realidad. Esa respuesta, mejor dicho autorespuesta se vuelve un pensamiento automático, la mente lo elabora, sin que tú quieras pensar en ello, y claro por eso mismo, la persona cada vez se siente mentalmente peor, aunque su cuerpo físico esté bien.

Pero la mente, y la persona, bajo estados emocionales depresivos, tienen una "perdida" de control mental y emocional sobre sí mismos, la mente se derrumbó y ahora desprotegida es vulnerable a todo, incluso a sus propias respuestas. Así surge el tremendismo. Un pensamiento tan negativo, excluyente y exterminador que convierte todo lo que se piensa en el caos más absoluto para la persona, y no es una exageración. Esta distorsión cognitiva en sí genera pánico ante el pensamiento. 

Sigamos con el ejemplo. Y si mi vida va a ser estar sentado hasta que me muera (componente tremendista, llevarlo todo hasta el final), ¿qué sentido tiene vivir así? 

A esa nueva pregunta surgen miles de interrogantes como respuestas, que envuelven a la persona en una espiral de pánico ante sus propios pensamientos. La persona comienza mentalmente a perderse, a sentir la vulnerabilidad de su mente, que comienza a sentirse perdida por encontrarse derrumbada ante la realidad que le toca analizar y vivir.


¿Qué consecuencia tiene el tremendismo como distorsión cognitiva? 


Como dije antes, lleva todo pensamiento ante un final. Un final que es extremadamente negativo y absoluto.

Por absoluto entenderemos que la persona generaliza dicha forma de pensar a todas las circunstancias de vida que le rodeen. De forma que tanto el pensamiento en sí, como lo la persona, acaba creyendo y por tanto adquiere un dimensión trascendental que supera incluso todas las experiencias vitales acumuladas, todo lo vivido en el pasado, a pesar de ser positivo.

Cuándo un pensamiento adquiere una dimensión trascendental, es como si superase el esquema mental propio de la esfera de los pensamientos, para terminar asentándose en el sistema de Creencias de la persona. La Creencia es la base sobre la que se articula todo. La importancia de las Creencias en la psique de la persona, es que éstas acaban determinando, ya no sólo la forma de pensar, sino las actitudes de la persona ante la vida y por tanto el comportamiento en sí, la conducta resultante, lo que la persona haga o deje de hacer, independientemente de que antes lo hubiera hecho o no, de que forme parte de su forma de ser o no, de que sea propio o no de él o ella.

El pensamiento tremendista ha sido tan reiterado, tan recurrente que la persona ha acabado por asimilarlo, por hacerlo suyo, incluso ha acabado creyendo en él. Cuando esto ocurre, el estado emocional de la persona se encuentra bajo un trastorno depresivo severo, a veces diagnosticado, otras veces cursa de forma encubierta, de forma que la persona y su entorno, no son conscientes de lo que verdaderamente está sucediendo. Y cuando hablo de depresión, hablo en el más estricto sentido de la palabra, es decir de la presencia de un Trastorno Psicológico.

Bajo este estado, la persona afectada, que siente miedo ante estas nuevas estructuras de pensamiento, comienza a aislarse de su entorno más cercano, a sentirse apático, anhedónico, sin capacidad de reacción, irascible... Todos estos síntomas descritos ya en anteriores entradas, son vistos por las personas cercanas a la persona afectada, mientras que la persona afectada, que ha empezado a interiorizar dicho estado, lo contempla como un estado normalizado dadas sus circunstancias vitales.

De forma que todo comienza a contemplarse desde un punto de vista trascendente, es decir que trasciende a la propia realidad de la persona afectada. Si los pensamientos catastrofistas y tremendistas que han sido tan recurrentes por su frecuencia e intensidad emocional, han logrado cambiar la creencia vital de la persona afectada, su actitud y comportamiento consecuente serán también especialmente negativos. La persona se abandona a una indefensión, haga lo que haga nada podrá cambiar, de forma que ¿para que seguir luchando?


Mejor Sin Mi. Un pensamiento Justificativo basado en el Miedo.

Ante esta constelación de energía vital y negativa, la persona precisa un argumento que le sirva para dar respuesta a su inacción, a su falta de reacción vital, a su abandono por sentirse tremendamente indefensa.

Puede parecer una exageración, pero en consulta este planteamiento que intento reflejar en esta entrada es muy frecuente y coincide con la fase más severa de la negación de la enfermedad. De forma que bajo estos estados emocionales y disruptivos, la persona comienza a plantearse que tal vez, solo tal vez, todos los demás estén mejor sin él, sin ella. Ese planteamiento, el de todos los demás sin mi, no viene sino a representar psíquicamente que la persona estaría mejor sin el mismo sin ella misma. Lo que verdaderamente ocurre es que la persona afectada no puede racionalizar correctamente el pensamiento o ideación suicida sobre sí misma, de forma que atribuir que su acción puede repercutir en el bienestar de los demás, no hace sino dar fuerzas a su argumento mental.

De forma que cuando una persona proyecta una ideación suicida sobre los demás, al creer que su estado vital no podrá cambiar, debido a que su estructura de pensamiento es tan negativa que ha logrado cambiar el propio Autoconcepto de la persona, necesita encontrar razones o motivaciones que puedan ser suficientemente fuertes como para poder dar pie a una ejecución temida por la propia persona. Así es más fácil lograr ejecutar la ideación suicida y por tanto la conducta suicida en este caso, atribuyendo la causa a facilitar a los demás su bienestar que a evitar el propio malestar de uno mismo, (estarán mejor sin mi, siento que tan sólo soy un estorbo, no se si querrán estar conmigo en el futuro, yo no sé si realmente están conmigo por lástima...) Esa atribución de la propia conducta de la persona sobre la vida de las demás personas cercanas a ella, es la definición más clara de la dimensión trascendental del pensamiento.

¿Cómo se contrarresta la ideación suicida?

Las guía de prevención de la conducta suicida establecen que preguntar sobre la ideación repercute en el riesgo de ejecución de la misma, es decir, cuando se aborda el tema, y hay que saber abordarlo, la probabilidad de que la ideación suicidad se convierta en acto suicida disminuye. Por lo tanto es necesario hablar sobre qué siente la persona, que piensa y por qué su pensamiento se elabora así.

Es necesario además, hacer ver a la persona que los pensamientos que elabora, se deben a la influencia emocional de su propio estado, y por tanto, muchas personas antes que él o ella, en un estado emocional similar, han pensado lo mismo. 

Normalizar el pensamiento y no darlo como excepcional o peligroso, también ayuda siempre y cuando se haga comprender que dicho pensamiento es consecuencia de la presencia de un trastorno, es decir, que sin ese trastorno probablemente, es decir sin depresión, y aunque su situación vital fuese la misma, no pensaría igual. Eso, los pensamientos, y el estado emocional en sí, si podemos cambiarlos, mientras que el diagnóstico de esclerosis múltiple, o de cualquier otra enfermedad crónica discapacitante, al menos por el momento, no.

"Lo que piensas es normal pensarlo bajo el estado depresivo en el que te encuentras. Pensar que es mejor no estar a estar es consecuencia de una depresión no de tu propio pensamiento, esto nunca lo pensaste hasta que estuviste así. Y esto quiere decir, que si no estuvieses así, si estuvieses emocionalmente más o menos bien, sin este estado depresivo, no pensarías así y por tanto nunca creerías que los demás sin ti, estarían mejor. Y que te haya dicho que es normal pensarlo, no significa que tengamos que pensarlo siempre, sino que tendremos que trabajar para corregir ese pensamiento, y el estado que lo provoca. 
Eso si es cambiable y en eso yo te puedo ayudar, pero necesito que tú mismo quieras ayudarte. ¿Me entiendes? y ¿me he explicado?...

De forma que la persona ha de tener el compromiso del terapeuta, del psicólogo en este caso, de hacer todo lo posible por ayudarle, pero al mismo tiempo es necesario obtener el compromiso de la propia persona por hacer todo lo posible por él o ella. Y en ese todo lo posible, está explícito los momentos en los que la persona no podrá, o se vendrá abajo, o se rendirá o no verá la salida...

La prueba de realidad, proyectar la situación a la inversa es una técnica que bien usada, en el momento justo, es de gran utilidad. La prueba de realidad sobre la ideación suicida ayudará a la persona a contemplar la realidad con otra perspectiva al menos por un instante, el instante justo y necesario para dejar la clave de reacción emocional y el principio del cambio emocional.

Justo en este momento la persona puede vivenciar un sentimiento amargo y ambivalente. Por un lado puede verse con cierta reacción, pero también puede percibir un sentimiento de vergüenza y culpa, tan sólo por pensar algo así. Son sentimientos que surgen del "egoísmo emocinal" es decir de que la persona centrada en sí misma, en su desgracia, en su tremedismo y catastrofismo, sólo ha sido capaz de pensar en sí misma y no en los demás. Esos dos sentimientos que vivencia la persona han de trabajarse bien. Y cuando se experimentan y verbalizan la reacción se ha iniciado. Esos sentimientos serán el poso sobre el que cicatrizar dicho estado emocional.


"Escúchame bien. Lo que te ha pasado, con la edad que tienes es una auténtica putada. Sí lo es. Decir otra cosa es faltar a realidad. Y lo sé porque antes que tú, otras cientos de personas en este mismo despacho, y por esta misma causa me lo han hecho saber. Me han contado lo que han sentido y el miedo tan intenso que han sentido al pensar algo así. Pero hasta el momento, todas y todos siguen luchando pese a creer en un momento que ya no podían. Que te encuentres mal es normal, es lógico. Yo estaría más preocupado por ti si a pesar de todo lo que te está pasando me dijeses que estás perfectamente bien. Eso si que no es del todo lógico, tener una enfermedad crónica y progresiva y estar totalmente bien. De forma que no intentes no estar mal, lo que has de intentar es hacer todo lo posible por intentar bien, y ya veremos si lo conseguiremos. Y por estar bien entiende, tomar tú el mando, meterte a la esclerosis en el bolsillo trasero de tu tejano, ser primero tú, y después la enfermedad y no al revés. Estar bien significa que no dudes de quienes te quieren y de por qué te quieren. Te quieren por ser tu, no por lástima ni por tu enfermedad. O a caso ¿tu estarías por lástima con alguien?. Al revés tampoco". 

Mejor sin mi es el pensamiento que se elabora desde el miedo, desde el rincón del derrumbe, desde la sombra más tenebrosa, desde el pozo sin fondo, desde el túnel sin salida. Es un argumento emocional, un pensamiento emocional que elaboramos desde la perspectiva de la persona que no somos, en base a que no se olvide quienes fuimos. No necesitamos argumentos para pensar algo así, sólo hemos de sentir miedo y soledad.
Alberto José Ruiz Maresca.




Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 AO 04033.
AGDEM
Granada, España.



sábado, 24 de diciembre de 2016

Felices Fiestas


Me siento muy agradecido a toda la gente de todo el mundo, que viene aquí a leer aquello que escribo, y hoy es el momento de dar las gracias. 

Gracias por creer en lo que hago.
Gracias por leer lo que escribo.
Gracias por comentar, por compartir lo que construyo.

Muchas gracias, infinitas gracias porque nunca quise llamar la atención. Siempre intenté pasar desapercibido, aunque siempre quise escribir lo que hago para quienes lo hago. Un grupo de personas llamadas así mismas SuperVivientes que se han convertido en uno de mis grandes faros en la vida.

Desde Granada, desde mi casa, desde mi rincón de escritura, infinitas gracias.





Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 AO 04033.
AGDEM
Granada, España.
24 de Diciembre de 2016

lunes, 12 de diciembre de 2016

Síntomas Psicológicos y Emocionales de la Esclersosis Múltiple: ESTRÉS

Estrés, conceptualmente un término que usamos en demasía para hacer notar que estamos bajo la influencia de estados poco controlables y confortables por y para nosotros mismos. Pero el estrés es mucho más. Y tanto, que si no se conceptualiza bien este término, su influencia real sobre el organismo quedará banalizada, ridiculizada y descontextualizada. El estrés es más que un estado de nervios, de ansiedad o de agitación. Es un estado que puede acabar convirtiéndose en una enfermedad.

Quizás la importancia que se resta al Estrés se deba a que está asociado a un sentimiento. Recordamos aquí que el sentimiento es el componente mental, es decir el pensamiento que se deriva de las emociones, como se explicó en la entrada "El brote y su proceso decisional"
Y sabemos que aquello que se relaciona con los pensamientos, las emociones y por tanto la mente, en ocasiones se trivializa como si fuese algo que se sabe que existe pero que es aquello a lo que se recurre cuando ya no queda más remedio, para dar explicación a algo que sabemos que está pasando y no podemos explicar bien. Nada más lejos de la realidad. No hagamos del #Estrés un cajón de sastre.

¿Qué es el Estrés?

El estrés es un estado físico, mental y conductual que ponemos en marcha las personas cuando necesitamos hacer frente a una situación que nos desborda por sus demandas, y para los cuáles nos vemos escasos de recursos. Es por tanto un estado que percibimos cada uno de forma diferente aunque la situación estresante (estresor) sea la misma. Es decir dos personas pueden percibir una situación estresante de forma totalmente diferente, lo que implica que el factor que determina la percepción del estrés en sí no es la situación generadora de sobredemanda, sino las características propias de cada uno para hacer frente, los recursos físicos y mentales para solucionar o hacer frente a la situación estresante y a su estresor. La percepción negativa del estrés, la vivencia subjetiva de la situación generadora del estado estresante, se llama distrés.

Pero el estrés, independientemente de que suponga un gasto para nuestro cuerpo y mente de recursos para hacer frente a una sobredemanda, estresor, no siempre ha de ser negativo o distrés. Existe por tanto un estrés positivo, al igual que existe el negativo. Sin embargo nos vemos emocionalmente influenciados más por el distrés que por el estrés positivo, al que afrontamos dando importania por haberlo superado, mientras no ocurre así con el negativo.

Estrés o Ansiedad.


De forma que estrés o distrés es cuando estamos expuestos a una situación a la que tenemos que hacer frente, mental o físicamente y que resulta amenazante para nuestra integridad. Esa amenaza surge de la valoración que hacemos sobre si tenemos o no recursos en ese preciso momento para afrontarla y neutralizar la situación que nos amenaza, independientemente de que hasta ahora sí la hayamos tenido.

La diferencia entre estrés y ansiedad es que en ocasiones el estresor no está presente, es decir la persona no está expuesta a situaciones sobredemandantes de recursos físicos y mentales a los que no pueda hacer frente, pero el estado emocional de tensión, angustia, insomnio, sobreingesta, irritabilidad, tensión muscular, irritabilidad estomacal, etc que ha provocado el estrés permanece.

Por tanto la Ansiedad es un estado físico, mental y conductual que se produce cuando la persona No está expuesta a su estresor, pero teme que este aparezca. Ese temor es un pensamiento anticipado que lleva a la persona a valorar una posible reacción suya si estuviese ante la situación amenazante. Y si la persona se ve por el motivo que sea, falta de recursos para hacer frente, aunque sea en la imaginación de su pensamiento a la situación amenazante, la Ansiedad aparecerá.


¿De qué depende que una situación sea estresante para mi?

La vivencia subjetiva de una situación emocionalmente negativa o de distrés depende de varios factores, pues no olvidemos que la forma de afrontar la situación estresante es única en cada persona. A groso modo estas son las condiciones que hacen que para ti, una situación pueda ser estresante y por lo tanto puedas exponerte a tu estresor.


¿Dónde se encuentran nuestras amenazas? ¿Qué nos estresa en Esclerosis Múltiple?

Generalmente el mayor número de estresores es de carácter social. El aspecto físico contiene también un gran componente amenazante y en el mundo de la esclerosis múltiple, el estresor principal que la persona identifica es de carácter físico, la incertidumbre de qué ocurrirá en el futuro con la enfermedad, es el estresor más identificado. Sin embargo, al igual que en la población general no afectada, el componente social es también un estresor de alta intensidad. Si a la incertidumbre de no saber qué ocurrirá en el futuro, le sumamos cómo interferirá la enfermedad en la vida de la persona afectada y en consecuencia en la de sus familiares y personas más querida, qué duda cabe que el componente social es un estresor muy a tener cuenta. Aquí os recuerdo que el período medio que una persona tarda en comunicar socialmente a su entorno que está afectado por esta enfermedad está en torno a los cuatro años, nos hace imaginar la magnitud del componente social en la enfermedad y por tanto en la persona afectada.

En la esclerosis múltiple el componente físico es prioritario. La persona afectada es consciente de cómo se ve de afectada físicamente, según su grado de afectación por la enfermedad. A este grado de afectación le contrapone el grado de preservación, es decir qué grado de autonomía funcional presenta en su día a día. La diferencia es el nivel de conciencia sobre cómo repercute la enfermedad físicamente en su vida diaria. Un criterio objetivo que la persona intenta enmascarar subjetivamente en algunas ocasiones, y en otras superar e intentar neutralizar. No ocurre lo mismo, cuando el componente físico afecta al componente social. En la afectación social de la enfermedad, la persona es consciente y generalmente no tiende a negarla, a no ser que la afectación repercuta en su esfera más íntima y personal. De forma que generalmente ante el estresor o amenaza social derivada de la enfermedad, la persona intenta subjetivamente no vivenciarlo, no exponerse a él o como decimos en Psicología, huir de la situación.

¿Qué hace nuestro cuerpo cuando está estresado?


Tal vez, un ejemplo sirva para explicar gráficamente lo que quiero contaros.
Supón que eres un PC. Y ahora supón que tu usuario intenta que ejecutes 10 programas al mismo
Conducta de huida del PC
tiempo. Supón además que tu capacidad para usar la  memoria de trabajo es limitada, 2gb. Y mientras tu usuario ha ejecutado 10 programas, navega, ve Youtube, sube fotos a instagram, etc, etc.
Tú que eres el PC, en un momento determinado has consumido tus recursos de memoria. Mientras abrías cada programa, el antivirus se ejecutaba para no resultar infectado por la navegación en red. Has logrado abrir 3 programas, pero el resto están ahí, dándole vueltas al reloj hasta que logre abrirlos del todo. o No.
En ocasiones, el PC, es decir tú, no puedes abrir más programas y entonces pones en marcha tu conducta de huida. El ordenador acaba quedándose bloqueado.

Con este ejemplo, lo que he intentado ilustrar es que un organismo estresado lo único que hace es gastar recursos de forma ineficiente. Ese gasto innecesario de recursos para hacer frente a una sobredemanda, hace que finalmente, el organismo, la persona, acabe huyendo de la situación. Huir de la situación genera tranquilidad al organismo a corto plazo, ya que si no hay amenaza no hay peligro. Sin embargo pasaremos a temer la aparición de la amenaza y por tanto pasaremos de sufrir estrés a sufrir un trastorno de ansiedad.

¿Qué elementos se están presentes en el estrés?


La respuesta de estrés, es decir de lo que tú eres consciente cuando te sientes amenazado por algo o alguien, pone en marcha diferentes mecanismos que intentaré resumir a continuación para explicar cómo se vivencia subjetivamente el estrés.

Cuando nos sentimos amenazados por algo, cuando nuestro componente emocional se vuelve inestable por no saber hacer frente a una amenaza o estresor, a veces estresores, pueden ser varios, nuestro cuerpo a través de sus sistema neuroendocrino prepara físicamente a nuestro cuerpo, generándole tensión para preparase de forma natural y adaptativa con una respuesta de huida.
La primera valoración que hacemos es huir de la situación amenazante. En ocasiones esto puede ser una buena elección, pero cuando la situación de huida es mantenida como única respuesta, genera en la persona un coste excesivo con una alta repercusión sobre su salud.

Mientras tanto nuestro sistema psicofisiológico prepara simultáneamente a nuestro organismo y de forma paralela para que pueda ejecutar la respuesta de huida que está valorando. Lo hace aumentando su presión sanguínea, más sangre a la musculatura, aumentando la tasa cardíaca, más latidos por segundos y aumentando la tasa de respiración, más oxigeno para el corazón que ha de latir más rápido.

Nuestro cuerpo está preparado para escapar de la situación amenazante. Entre tanto nuestra mente, nuestro componente psicológico comienza a realizar sus propias valoraciones sobre la amenaza en sí, los recursos que tenemos para hacerle frente y la proyección de cómo saldremos de esa situación amenazante.
El Miedo es la emoción asociada a la percepción de una situación amenazante, pero la frustración, la ira, la irritabilidad, la irascibilidad, etc son sentimientos asociados a los estados derivados del estrés a nivel emocional. Desde la percepción cognitiva, la alteración de la atención selectiva, la memoria a corto plazo, la agilidad mental, y la inseguridad o indecisión son los factores cognitivos más propios del estrés. Mientras a nivel conductual, la agitación, el nerviosismo, la aparición de conductas compulsivas (fumar, comerse la uñas, tirarse del cabello) son rasgos de conducta que denotan que estamos bajo estados estresantes. Por último y no por ello menos importante, a nivel somático, el cuerpo vivencia la percepción del estrés con irritabilidad intestinal, tensión muscular y contracturas, problemas del sueño, insomnio, desvelos nocturnos, etc nos pueden hacer pensar que estamos bajo estados de estrés.


En el diagnóstico de enfermedades crónicas, y por ende en el diagnóstico de esclerosis múltiple, sufrir estrés es algo que entra dentro de lo esperable. Esperable porque hasta ahora tu mente tenía recursos para gestionar mejor o peor sus amenazas cotidianas, el trabajo, la situación económica familiar, los proyectos de futuro, problemas de pareja, con los hijos, con el jefe, etc. Desde el momento del diagnóstico, la mente se enfrenta a situaciones para las que no tiene control por ser nuevas para ella, por tanto a situaciones que valora en un principio como amenazas y ante las cuáles se ha de aprender a neutralizar a través del aprendizaje ensayo error.
El carácter incierto del término progresivo de la enfermedad, genera un pronóstico incierto que sustenta todas las incertidumbres posibles, preguntas para las que por el momento no hay respuesta. Esas amenazas pasan de ser estresores, de ser amenazas en sí por estar ante ellas, a ser amenazas temidas, que aunque no están delante de ti en ese momento, mentalmente las construyes y con dicha construcción mental de ese miedo, alteras fisiológica, cognitiva y conductualmente tu estado emocional. Por tanto superar la línea de padecer estrés a padecer ansiedad, es muy fácil. Y además puedes sufrir ansiedad y además estrés. Por ejemplo, una situación estresante puede ser tener que ir al hospital a recibir la medicación, por ejemplo Tisabry. De forma que durante el tiempo que estés recibiendo la medicación en el hospital puedes estar expuesto a sufrir estrés por estar delante justo de tu estresor, hasta el mes que viene.

¿Que sabemos del Estrés en la Esclerosis Múltiple?

El estrés emocional de alta intensidad, el que está asociado a situaciones vitales para ti, puede ser un predictor de brotes en la esclerosis múltiple remitente recurrente. Sí el llamado estrés vital, el que sufrimos ante la noticia de un acontecimiento esperado o no, por ejemplo la muerte de un familiar, pero de alto componente emocional para nosotros puede ser el precipitar y desencadenar el brote.
Generalmete ante una situación emocional como la descrita, el factor precipitador del brote no se da justo en la situación estresante, sino que se da días después. El distrés actuará como un agotador de todos tus recursos y cuando tu sistema está bajo mínimos el brote, brotará.

Y el estrés además de precipitar brotes, puede actuar como mantenedor de los síntomas que el brote generó, de forma que a pesar de los ciclos de bolos de cortisona intravenosa u oral, y considerando que el proceso de inflamación mielínica se haya contrarrestado, la remisión del brote no es tan rápida ni tan limpia bajo estados de distrés emocional o estrés vital.

Y además, cuando el estrés está cronificado en la persona afectada, la remisión completa y por tanto la posibilidad de secuela es mayor que cuando no estamos bajo la influencia del estrés.

De forma que sabemos que el estrés, de una forma u otra, afecta a nuestro organismo. Sabemos que minimiza el funcionamiento de nuestro sistema inmune. Espero que esta lectura te haya sido ilustrativa a la hora de comprender el impacto que el estrés tenga en la fase de brotes en la esclerosis múltiple remitente recurrente, es clave para comprender cómo puede resultar afectado el proceso de enfermedad por los trastornos psicológicos asociados.



En unos quince días, se colgará la entrada de cómo podemos contrarrestar el estrés. Hacerlo en esta misma entrada puede hacer de la misma que sea excesivamente extensa. De forma que dejaremos esta primera parte como la que conceptualiza el estrés como un sentimiento amenazante para el que no tenemos recursos que puedan neutralizarlo. Estar ante esta amenaza o estresor, influye notablemente en la salud. Y para finalizar este resumen, es preciso diferenciar el estrés de la ansiedad. En esta última, no hay estresor al que estés expuesto pero temes su aparición.



Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 AO 04033.
AGDEM
Granada, España.
10 de Diciembre de 2016

jueves, 17 de noviembre de 2016

Sintomas Psicológicos y Emocionales de la Esclerosis Múltiple. La IRASCIBILIDAD

“En ocasiones me levanto con la energía suficiente para hacer cosas, sin fatiga, pero ese estado no me dura mucho tiempo, y en seguida me creo que no merece la pena intentarlo. No es por cansancio es algo emocional que siento y no puedo controlar. ¿Me ocurre algo grave? J.N.

La Irascibilidad.


De las cosas que menos conocemos de nuestro propio ser, son el mundo de las emociones. Últimamente se hablar mucho de ellas y las personas en general están empezando a conocer cómo se expresan las emociones y qué logramos cuando las expresamos. Además hacemos esfuerzos por enseñar a las personas a identificarlas, a saber qué emoción es la que se siente y cómo expresarla de forma coherente con el afecto determinado.
Resultado de imagen de irascibilidadSin embargo a pesar de los esfuerzos que las personas realizan para conocerse más y mejor, siempre en el mundo de las enfermedades crónicas, y en el de la esclerosis múltiple también, siempre digo; hay una causa prioritaria que intenta explicar, a veces erróneamente, lo que está provocado por las emociones.

De forma que es lógico por una parte, que ante el baile emocional que una persona pueda sentir en determinadas ocasiones, se establezca que lo que le ocurre está provocado por su enfermedad física, por sus síntomas, secuelas, etc antes que tener una explicación emocional o psicológica. De forma que no todo es fatiga, ni todo es cansancio, ni todo es falta de energía o fuerza, o cambios estacionales. Hay muchas más cosas capaz de explicar lo que ocurre.

La Irascibilidad es entendida como la fluctuación de las emociones que sentimos ante situaciones que posiblemente antes no nos hicieran sentir nada relevante, ni reaccionar emocionalmente de forma que fuésemos conscientes de esa emoción. Generalmente la irascibilidad ha sido entendida como la progresión de emociones negativas que en cascada llevaban a la persona a encolerizarse de forma incontrolada. Sin embargo, y además de dar por válida esta acepción, en esta entrada tararemos la irascibilidad no cómo la progresión de las emociones negativas hacia estados coléricos o de ira, sino que también la entenderemos como el paso a otras emociones opuestas. Es por tanto un estado fluctuante y no estable donde las emociones pueden sentirse provocando que la persona pase de estados por ejemplo de tristeza a alegría en poco tiempo. Este es el concepto amplio de irascibilidad y así lo explicaremos a continuación.

Por tanto, vamos a intentar explicar a continuación...

¿Por qué ahora estamos más sensibles emocionalmente? 

Siempre hemos sentido las emociones, y siempre has tenido que emocionarte ante determinadas situaciones. Lo que está ocurriendo, y es totalmente normal que ocurra así, y por tanto no has de esforzarte en que no suceda, lo que está ocurriendo como digo es que tu mente está aprendiendo continuamente a gestionar situaciones que antes tenía absolutamente bajo control por aprendizaje, es decir, tú sabías realmente que situaciones te generaban un tipo de emociones y cuáles no.

Sabías por tanto qué situaciones de tu vida diaria te generaban miedo, y aprendiste a controlar y neutralizar ese miedo. De forma que cuando lo sentías tu mente gestionaba por aprendizaje casi automáticamente sus recursos para que tú no sintieses miedo. Cuando las emociones que sentías fuesen de tristeza, sabías perfectamente cómo hacer frente a ellas y cómo no sentirlas porque aprendiste o bien a expresarlas o bien a no exponerte ante lo que te generaba tristeza. Cuando tuviste que expresar alegría, la expresabas con total normalidad, sin necesidad de control, tan sólo la expresabas porque aprendiste que era bueno para ti. Y por último y no menos importante, cuando expresabas la ira, aprendiste a discutir con ella, a sentir las frustraciones que te generaban y a neutralizarlas con la reconciliación, el perdón, o tal vez aprendiste a no discutir más de forma tan airosa a través del auto-control.

Tu mente por tanto, a lo largo de tu vida, como si fuese un disco duro, almacenaba aprendizajes donde tú te exponías a situaciones emocionales para ti, y grababa en su memoria cómo hacer frente y por tanto expresar cada una de esas emociones en situaciones similares y de muy diversos tipos.

Sin embargo, nunca nos hemos enfrentado a situaciones nuevas, que escapan al control tuyo y por tanto de tu mente. Hasta el momento no hemos tenido que aprender a controlar y gestionar nuestras emociones ante situaciones tan intensas. El diagnóstico clínico de esclerosis múltiple como el de cualquier otro diagnóstico crónico y progresivo, no genera nuevas emociones, sino que expresa las mismas, con algo más de intensidad y ante situaciones nuevas, por ejemplo ante la incertidumbre de qué ocurrirá con nosotros. Antes también tenías este pensamiento, pero tus emociones eran positivas, porque tu pensamiento era esperanzador. Ahora ante ese pensamiento dramático, triste y desesperanzador en tu mente, es obvio que sientas algo, aunque tal vez, incluso familiarizado con la emoción, no lo estás con el pensamiento que la ha evocado. Lo que ocurre es que la intensidad de la emoción y del sentimiento no son del todo como la mente y nosotros mismos lo esperábamos, escapando por tanto al control que habíamos aprendido a ejercer en el pasado ante situaciones similares. 

Además a esa intensidad, se le ofrece un nuevo horizonte, todas las preguntas que te haces no tienen respuesta y en el caso de que la tengan, no es la respuesta que tú querías, o no quieres que sea esa respuesta. Y claro ante este descontrol de pensamiento en espiral, tu mente confundida previamente por la intensidad de la emoción, no sabe qué hacer y emocionalmente por tanto, se siente sobrepasada por algo aparentemente desconocido, lo que sin duda genera frustración. Esta pérdida de control hace que la mente, tenga dos frentes abiertos, una intensidad emocional no conocida y un nuevo estado derivado, la frustración, que además se da en un contexto diferente al que estábamos entrenados casi automatizados, para su control. Esa pérdida de control tú la vivencias con esos altos y bajos emocionales tan característicos, tal vez en el mismo día, o incluso en la misma hora, provocan ese baile emocional al que hemos definido irascibilidad.

Tu mente se ha venido abajo, y tú con ella. Ese estado de frustración a su vez genera estados de irritabilidad, agresividad proyectada hacia algo o alguien que pueden acabar en episodios de ira. Por tanto, hemos pasado de controlar las emociones casi automáticamente a vivenciar diferentes estados emocionales, que aunque conocidos aparecen simultáneamente porque la realidad en la que nos ha tocado vivir, sin querer vivirla, nos ha sido impuesta. 

Pero como dije anteriormente la irascibilidad puede llevarte de un estado colérico a un estado de tranquilidad e incluso alegría. Estos cambios tan bruscos en el estado anímico la persona los siente conscientemente pero negará que esté siendo afectado por ello. Sin embargo, dichos bailes emocionales serán observados por las personas cercanas, que generalmente se concentrarán en la irritabilidad por ser lo más llamativo "el nunca era así, creo que neciesta ayuda, pero dice que está bien"
De forma que los amigos o familiares cercanos, la pareja o incluso los hijos verán el estado irritable, mientras que la persona afectada por la enfermedad verá la frustración. Y la frustración la persona no la identifica como un sentimiento derivado de una emoción, sino que lo intentará justificar como impotencia. Pero cuando le pregunto ¿por qué sabes que es impotencia lo que sientes? generalmente no pueden contestarme. Aprietan los puños, intentan controlar el llanto y su leguaje facial se tensa. Eso todo eso es la expresión contenida de la irritabilidad. Es como querer gritar, pegar un puñetazo en la mesa o empezar a soltar tacos hasta desahogarse.

La irascibilidad una gran desconocida. Y puede ocurrir que además justo de un momento de extrema tensión por lo descrito anteriormente, la persona pase a relajarse a estar alegre y tranquila en poco tiempo. Cuando esto sucede, la persona piensa para si misma ¿algo me está pasando? pero no lo comparte con nadie. Es por decirlo así su primera introspección, su primera búsqueda en el interior y su primera respuesta, "tal vez necesite ayuda". Pero no lo comparte con nadie. Espera que el tiempo pase y esto desaparezca. Y cuando esto sucede, la persona intenta justificarlo todo, y es lógico hacerlo, buscando razones físicas derivadas de la enfermedad, estrés, una percepción de hormigueo que antes no tenía, mayor cansancio etc... pero nunca piensa que pueda deberse a que emocionalmente tenga un conflicto por resolver. Aprender a gestionar las emociones ante su nuevo horizonte. Y mientras tanto, la familia, los amigos, la pareja, hijas, hijos etc empiezan a observar ya no la irritabilidad, sino un cambio en su estado anímico.

Y claro, cuando los familiares, amigos, parejas etc intentan gestionar una ayuda, la persona reacciona negativamente. ¿que me estás diciendo, que estoy loco? Esa forma de defenderse, indica miedo. Miedo que se ha de sentir y es natural sentirlo. Ese miedo se debe a que la persona que aprendió a controlar la sintomatología física de su enfermedad, ha empezado a observar que emocionalmente y psicológicamente la enfermedad también le está afectando, y ¿cómo se soluciona esto? ¿será temporal y pasajero? ¿podré yo con ello?...

De forma que un grano de arena sí puede hacer una montaña. Y la montaña se ve cuando acumulas granos insignificantes de arena, cuando acumulas y no compartes los estados emocionales, los miedos, las angustias, las incertidumbres, etc... Y cuando esto sucede, la persona afectada tiende a aislarse comunicativamente intentando mostrarse serena, pero in-comunicativa. "está más tranquilo, pero no habla" A veces la persona afectada calla por no preocupar a los demás, pero eso no implica que su preocupación se desvanezca, sino que se duplica.

La irascibilidad, un síntoma a tener en cuenta porque detrás de él en cascada aparecen más. La mente necesita expresar lo que siente, aunque sea miedo por no poder controlar todo lo nuevo que está sintiendo. Si no lo hace llegará un momento en el que se vea sin recursos y entonces sobrepasada por todas las demandas, internas y externas. Cuando eso suceda y sin experiencia previa, la persona conocerá la ansiedad, la crisis ansiosa, que jamás nunca antes había tenido, o sí, y que abre un abanico de incertidumbres en forma de pensamientos reiterados, a veces incapaz de controlar.

En silencio de tu intimidad más invulnerable eres consciente de este cambio, sabes que algo está sucediendo, piensas en la ansiedad, sientes la impotencia, la rabia la frustración y expresas el llanto. Pero ante los demás quieres ser fuerte. Y tu mente no sabe por qué estando tan mal intentas hacer ver que estás muy bien. Entra en conflicto y como si fuese un ordenador saturado, se reinicia solo. He aquí la crisis de ansiedad.

Y de la Ansiedad, hablaremos próximamente.




Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 AO 04033.
AGDEM
Granada, España.
12 de Diciembre de 2016


domingo, 6 de noviembre de 2016

HASTA LA VISTA, JANO.


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No quería que terminase el día sin escribirte Jano. 

Me enseñaste que todo lo que hacía tenía sentido, que verdaderamente cada segundo cuenta y es irrepetible. Ingenuo de mi, que valoraba el día y no el tiempo que vivía a lo largo de ese día. Me enseñaste a ser feliz, porque aunque yo me sentía feliz, aprendí a serlo desde cero. Ingenuo de mi que descubrí que la felicidad que sentía era incompleta, pues se me escapaban miles de cosas que creía que podría recuperar  en otro momento. Me enseñaste que los problemas eran oportunidades. Ingenuo de mi que quise superarlos definitivamente y no aprender de ellos. 

Cuantas cosas me enseñaste Jano en tu vídeo. Tu historia llegó a la mía en forma de mensaje privado. Ahí tuve mi primer contacto contigo Jano, desgraciadamente no con la #Ela. Tu vídeo, Tú representas para mi, toda una lección de vida. Recuerdo que me preparé para ver el vídeo, imaginaba qué podría encontrarme. Ingenuo de mi, otra vez. Y te vi, y te miraba, te escuchaba recordando a otra persona que como tú reía a la vida pese que yo mismo lloraba. Y lo vi con tantas lágrimas en los ojos que estos se me cerraban, así que dejé de mirar para or tu voz. Esa fue otra lección

Y recuerdo que la impresión que me llevé fue tal que escribí sobre ti y tu lección de vida. También te escribí a ti. Quería conocer a alguien verdaderamente grande, grande por su proeza, grande por empequeñecerme por mis trivialidades, importantes en su momento sí, pero vacías al fin y al cabo.

Hace 8 años me enfrenté por primera vez a la Esclerosis Amiotrófica Lateral, #ELA. Ahora mismo en mi mente hay 3 personas que luchan sin rendirse ni un sólo segundo, como tú nos enseñaste. En mi memoria está José Petri, un amigo que me hizo saber cómo es cada segundo de vida vista con otros ojos, vista con la mirada de aquellos que desean vivir intensamente cada segundo porque cada segundo que se viva morirá inmediatamente después. José, Pepe quería reunir cada segundo y necesita muchos segundos para poder hacer y estar todo el tiempo posible. Y lo estuvo, desafiando incluso a la esperanza vital de esta maldita enfermedad, sorprendiendo a todos, se aferró a la Vida hasta agotarla definitivamente, y no al revés. Quiero vivir, me decía Pepe, cada vez que nos veíamos. Vivirás Pepe, en cada uno de nosotros, le decía yo.

Eso me ha pasado contigo Jano, parte de ti vivirá en mi desde que en 2014 tu historia llegó a la mia. Y como en mi, en muchos otras personas, no me cabe duda.

Ayer recibí otro mensaje privado hablándome de ti. No pude terminar de leerlo.

Un fortísimo abrazo a su familia, y a sus amigos.



Alberto.


Alberto José Ruiz Maresca.
Psicólogo General Sanitario
NICA 24045 AO 04033.
AGDEM
Granada, España.
10 de Diciembre de 2014

Ramón Arroyo.

AVISO.



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